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16.1.09

Práxis y teoría

ESTA TRIBU EN LA AMAZONIA PROFUNDA NUNCA HA ESTADO EN CONTACTO CON EL HOMBRE BLANCO, NI CON LAS ENTELEQUIAS QUE ESTOS SERES TAN CIVILIZADOS ACOSTUMBRAN BLANDIR EN SITIOS TAN AGRESTES COMO LAS FACULTADES UNIVERSITARIAS O LOS CAFES LITERARIOS.

Hace unos días alguien me pidió que hablara explícitamente sobre Archipiélago -mi novela publicada hace unos meses-, que contara algo sobre su trama, sus personajes, su estilo. Mi respuesta desconcertó al interlocutor: como autor soy el menos indicado para hablar sobre esos temas. -Ah ya entiendo, no habla Usted de la novela por pudor -me volvió a preguntar la persona, y en ese momento me dí cuenta que sobre estos temas se podía tener pudor, cómo no lo había pensado antes- y a pesar de que me ví tentado a responderle que sí, que mi reticencia era causada por ser yo una persona tan pudorosa y virtuosa, opté –solo por esa vez y sin que se convierta en precedente para futuras respuestas- por insistir en una respuesta sincera: Yo no tengo la más mínima idea. Es que sin llegar al extremo de etiquetar al autor como un simple medium de su oscuro y desconocido inconsciente, yo como autor no tengo la más mínima idea de por qué sucedieron las eventos de la trama, por qué aparecen de la nada esos personajes o ese estilo o aparece una voz o una tesitura en particular.
Y es que es en realidad muy poco lo que yo puedo decir de Archipiélago, sin mentir más, quiero decir sin agregar más mentiras que las que por más de 340 páginas ya he puesto en blanco y negro, en el ejercicio del derecho a mentir que como dioses de un hijo menor tienen los escritores. Puedo, sin embargo, decir que Archipiélago es una una exploración, que, como corresponde a toda expedición que se respete a sí misma aspira a dejar , por supuesto, más preguntas que respuestas, más trillos sugeridos y dudosos que estrictas y prolijas coordenadas para GPS. Es como uno de esos mapas en los que luego de bogar a estribabor casi hasta el escorbuto trazaban los antiguos cartógrafos, en donde la mayor parte del territorio quedaba marcado como “Terra Incógnita”, así la novela puede considerarse como ese territorio desconocido que es dejado de esa forma para que los lectores que lo transiten, lo iluminen y terminen de repintar los contornos a veces difuminados, según los propios prejuicios, realidades y formas de decodificar el mundo de cada uno. Al final, es únicamente un mundo inacabado, solo levemente sugerido en la Escala Mercator de la creación por el autor.
Archipiélago es un viaje, un ride en una montaña rusa, un artefacto para provocar emociones de distintos tipos. Es un deseo poco disimulado de exagerar , de mentir, que empezó cuando leí una cita de Luis Buñuel, que luego terminó como epígrafe de la misma novela cuyo inicio inspiró, decía Buñuel que vivir la vida es contradecirse a uno mismo, y esa frase fue lo que me hizo empezar a escribirla y desde luego a mentirla.
A propósito de mentiras, hablaba recientemente con Ricardo Martin sobre el acto de escribir como una necesidad de mentir y sobre la dificultad que esa acción supone: es bastante difícil imponerse sobre la verdad en un mundo en que esta verdad, esta realidad supera siempre y sin mucho esfuerzo a cualquier intento de ficción, es decir a cualquier esfuerzo de mentir. A pesar de esa probable superioridad que tiene la realidad, a la literatura siempre le quedará su poder de evocar las igualmente existentes realidades nunca vividas y de influenciar la forma en como el mundo se ve, el mundo interpretado a traves de otros ojos, en una interpretación que al final el lector puede teminar incorporando a su propia forma de ver el mundo.
Si bien es cierto que el misterio más grande de la Biología actual, como afirma Francis Crick, el codescubridor del ADN, pasa por descifrar el misterio del proceso fisiológico por el cual los fotones de luz después de pasar por la retina se terminan convirtiendo luego en recuerdos , en experiencias, en noches de insomnio, en una lista de eventos nostálgicos que pueden luego ser rememorados; la literatura -que no sabe de biología ni de estas cosas, ni tampoco le hace falta- mantiene intacta su capacidad para convocar emociones, recuerdos y en eso; como si fuera un hechizo mágico, es en esa prodigiosa capacidad de generar sensaciones y recuerdos de cosas nunca vividas que la literatura obtiene la fuente de su magnetismo, de su perdurable vigencia a través de los tiempos.
Decía la escritora británica Zadie Smith que un texto bien escrito nos conmina a aceptar la visión propia del autor. Así, sostiene la Smith, pasás la mañana leyendo a Chekhov y por la tarde, caminando por el vecindario, el mundo ya se ha tornado “Chekhoviano”. Caigo en cuenta de que yo mismo he sentido esos encantamientos de la literatura. Así, si por las mañanas de mi infancia yo leía a Tom Sawyer o alguna novela de Verne, por las tardes yo ya no era el mismo y en vez de caminar con los amigos por las orillas del tan pedestre río Liberia en el Barrio El capulín, yo andaba recorriendo el Limpopo o el Mississipi en busca de algún baobab o de la balsa de Huckleberry. Ese es uno de los efectos mágicos de la literatura de los que valdría la pena hablar con mayor extensión.
Para mí, el ejercicio de la literatura debería ser un juguete, un ente abstracto y lúdico, lo más parecido que se pueda practicar desde la soledad de mi faro tuerto a un paseo para ir a apear jocotes en una tarde de verano, o a una mejenga de fút hasta que se haga de noche con los amigos, que preferiblemente sean peores jugadores de futbol que uno, aspiro interiormente a que la literatura sea el sucedáneo de cualquiera de esas efímeras esquinas del paraíso que todos deseamos padecer.
Decía Steiner que en la edad actual el mayor lujo es el silencio , desde el silencio y lejos de los canones y de las engoladas teorías, -qué le voy a hacer es que uno es de provincia- es que , prefiero incurrir en la grave falta de la comisión de la escritura de textos de distinto pelaje -aunque todos con el mismo pedigrí mestizo que es el único que me sale- antes que empeñarme en recorrer los prolijitos y simétricos campos de golf de las teorías literarias. Entonces, escribir es participar con los frutos de ese silencio en la creación de obras de arte; que, como dijo Kandinsky, es como participar en la creación del mundo. Porque, aunque no siempre se reconozca, mentir es siempre crear.

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15 Comments:

Blogger Asterión said...

Parece que la pregunta de tu interlocutor realmente caló en vos, y me parece muy bien que esta entrada sea tu "verdadera respuesta".

Ciertamente, una de las situaciones más incómodas es que se le pregunte a uno por su obra: ¿de qué trata?, ¿de qué tipo es?, etc. En eso, por lo general contesto igua que vos: no tengo la más mínima idea.

Tal aseveración, lejos de ser pudorosa o falsa, es sencillamente la única verdad que logramos esgrimir los autores. El autor, como tal, no sabe nada "especial, único o particular" sobre su obra. Ahora bien, como lector él mismo, ya es otra cosa, y puede dedicarse a elucubrar todas las ideas que guste; ideas que, en caso de ser fundamentadas, tendrán la misma validez que aquellas ideas fundamentadas por otros lectores.

Escribir es igual a mentir. No hay de otra. La escritura es acto de invención. No en balde el primer cuentario de Borges se llama "Ficciones", y su primera parte "Artificios". Así, sencillo, sin roedos: inventos.

Finalmente, también concuerdo, o siento lo mismo:

"aspiro interiormente a que la literatura sea el sucedáneo de cualquiera de esas efímeras esquinas del paraíso que todos deseamos padecer."

Voy más allá: no es una aspiración, la literatura es solo eso: el deseo de recobrar el paraíso perdido, cuando no había lenguaje, solo silencio.

17/1/09 8:20 a. m.  
Blogger Sentenciero said...

Saludos, Heriberto.
Los constantes intentos exégetas de quienes armamos estos blogs basados en nuestra pasión se quedan cortos junto a lo que la obra por sí misma puede -y debe- decir. Ahora, imaginate interpretar ya no lo escrito por alguien más, sino por uno mismo, ante un auditorio ávido de palabras esclarecedoras (hablo de una presentación, por ejemplo): tartamudeo, circunloquios incómodos, sudor producto del miedo y la luz amarilla de los reflectores.
Dejemos que la obra se explique. Ya te daré mi opinión sobre ella.

17/1/09 8:43 a. m.  
Blogger Juan Murillo said...

Mientras leía este texto me entró una inquietante sensación de déjà vu y no podía recordar dónde lo había leído. No lo había leído, por supuesto, sino que te lo escuché en la presentación de Archipielago, aunque varias de estas ideas están en la novela misma, como debe ser, o más bien, como es imposible que no sea.

Mentir. Mentir es un verbo cargado. Asume que lo que se dice no se conforma con lo que es en verdad. Pero resulta que nuestro concepto de realidad no es otra cosa que un inmenso pastiche, un collage desmesurado de historias, ninguna de las cuales nos consta de primera mano, y que aceptamos por concenso implícito o la cuestionable autoridad de un interlocutor interesado en que le creamos.

¿Es cierto lo que dice el periódico o el noticiario? No lo sabemos, pero aceptamos que así es, a pesar de que sea una versión o interpretación de los hechos. Es verdadero el chisme que nos cuenta nuestro amigo, no lo sabemos, pero después de oirlo actuamos como si lo fuera. Es cierto que vamos a cumplir nuestros propósitos de año nuevo, no se sabe, pero esos planes, que son en si siempre historias, afectan la realidad.

El teorema de Thomas decía, más o menos: "Todo aquello que se considera real tiene consecuencias en la realidad"

Yo respondo, todo lo que tiene efectos en la realidad es, necesariamente, real.

La realidad no es más complicada o sorprendente que la ficción. La realidad ES ficción, interpretación, fe, imaginación, sueño, plan, malentendido, lectura, punto de vista. Ninguna realidad individual es igual a otra, son, en rigor, historias diferentes.

La literatura. La literatura es la creación de historias que alteran nuestra realidad. Si por desgracia los narradores de ficción somos los únicos generadores de historias que estamos relegados a esas landas donde todo lo que decimos se supone que es mentira, entonces, en rebelión, cuando nos pregunten sobre nuestra novela, nuestro deber es mentir, mentir a boca llena, con historias sorprendentes, imposibles e inquietantes que ayuden a la ficción de nuestra obra a incorporarse al mundo de lo real.

Al mago, cuando le piden que explique su truco, solo le es permitido referirse a la parte en la que sucede la mágia, la verdadera, la imposible.

17/1/09 2:49 p. m.  
Blogger Laluz said...

El escritor Juan Sasturain dice que uno no escribe para otra cosa más que para enterarse.
Creo que esto ya te lo comenté alguna vez, si fué así, disculpame, estoy mayor, ya no retengo.

20/1/09 11:27 p. m.  
Blogger Margot said...

Plas plas, plas... (aplausos, genuflexión)

Menudo regreso, señor mío! y olé!

Texto con "chicha" (*con enjundia, lleno de ideas, fuerza y peso). Nada de teorias (engoladas, casi siempre lo son) literarias, y sí de su magia y su pasión.

De pequeña me llamaban cuentista, siguen haciéndolo, y no hay palabra que me guste más aplicada a mí. No era Pessoa quien decía que el poeta es un gran fingidor? Pues eso, finjamos a manos llenas...

Hoy sufrí el encantamiento heribertiano. Tendré el día heribertiano.

Un beso, gran cuentista!

21/1/09 2:56 a. m.  
Blogger Alexánder Obando said...

Cuando a uno le piden que explique su propio texto es como decirle: "Explicanos lo que acabás de explicarnos". Y uno no sabe si reaccionar con ira, desconcierto, frustración, alegría o culaquier otro sentimiento que en el fondo tiene poco o nada que ver con lo escrito.

Lo más nefasto de explicar-se (aunque a veces lo vea necesario) es el peso de esas palabras. "Esto vale más porque lo dijo el autor". Y todo el mundo se va tranquilo para la casa con la idea de que se lleva el mapa correcto --y puede serlo-- pero es un mapa para la Tierra de Nunca Jamás.

No nos damos cuenta que la opinión del autor puede, y usualmente resulta ser, la más sesgada de todas. Ahí están las mentiras, tanto las verdaderas como las falsas, las promesas y las elucubraciones que, como algunos de ustedes bien señalan, deben estar en la novela y no en la boca de quien la escribió.

En un mundo de realidades distorsionadas es frecuente que se nos recuerde más por lo que dijimos que por lo que escribimos. Es decir, se da prioridad a la realidad cotidiana sobre la realidad literaria, sin darse cuenta de que, como señala Juan, ninguna de ellas es superior a la otra.

Explicar-se es entonces, trasladar el libro a una realidad que no le corresponde.

21/1/09 7:42 a. m.  
Blogger Cromatica said...

Es inevitable que algunos intenten descubrir rasgos del autor-artista en cada obra, yo también cito a Pessoa y su “Autopsicografía” ya que es un buen momento hacerlo.
Todos los que se encuentran en el proceso de creación artística no se eximen de las interrogantes de los que no están inmersos en este acto, porque buscan una interpretación a lo que no conocen, intentando comprender la obra como tal, en realidad no se les puede condenar por su manera de ver el mundo. Es admirable que intentes darle una respuesta a aquellos que no logran ver mas allá de la literatura con su limitada visión de mundo. En fin…

Te dejo besos y abrazos

21/1/09 8:32 a. m.  
Blogger CAQ said...

Gracias por la renuncia al "pudor", o por explicar ampliamente por qué no tenés idea alguna de lo que es tu novela.
Me gustó la respuesta.

21/1/09 2:39 p. m.  
Blogger cacho de pan said...

desde pequeño me pedían que contara: anécdotas, películas, vulgares acontecimientos cotidianos, chismes...
Siempre supe que, más que con el argumento en sí, mis oyentes se fascinaban con los adornos, las exageraciones, la mentira.
No te equivocas, y tampoco cuando no quieres explicar lo que posiblemente sea inexplicable.

21/1/09 4:02 p. m.  
Blogger Alyxandria Faderland said...

no tengo dudas que esta tribu tambien debe navegar por su propio archipielago de historias y leyendas,sin mucha idea de como y en quien surgieron, y que dentro de unos siglos alguien caiga en cuenta, un ignoto soldado ruso que se llevo de souvenir de una biblioteca incendiada un libro de textos mayas, en el aburrimiento y trama de la posguerra, descifrara un idioma en lo que todos veian rasgos humanos exagerados; y de pronto nos demos de narices con la autentica literatura americana.
¿Nunca paso de haber escrito un parrafo y tiempo despues al leerlo, sorprenderse de haberlo escrito uno mismo?

24/1/09 4:52 p. m.  
Blogger Ka said...

Completamente de acuerdo con vos, Heriberto. A veces le preguntan a uno como si uno supiera algo...Saludes.

24/1/09 9:44 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Todo lo que se hace y se hace público (me parece) se hace para tener de qué hablar. A esa pregunta yo contestaría que lo hago por vanidad (aclaro que una vanidad efímera); ahora, esa respuesta tuya Heriberto fue un excelente motivo para que nos recetaras una de tus "cesudas" elucubraciones. Lo celebro.

Xoxen

27/1/09 10:49 a. m.  
Blogger Homo surfus said...

Puedo conseguir Archipiélago en Liberia?... ya me dejaste picao...

5/2/09 8:37 p. m.  
Blogger Heriberto said...

Hola a todos, disculpas por no poder responder uno a uno los comentarios , como es mi costumbre, pero he estado ocupado. Muchas gracias por sus comentarios y observaciones a mi intento por pasar de la práxis a la teoría.

9/2/09 6:13 p. m.  
Blogger Clarice Baricco said...

Con razón no escribo nada, jaja....

Afortunada por leer Archipiélago.


Beso.

20/2/09 6:00 p. m.  

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