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18.3.08

Diálogo sin karma. Y II.


y II


-Estoy escribiendo un par de ideas sobre Depeche Mode, una: "Las influencias intimistas de la guitarra electroacústica en el albúm Exciter", y otra que cuando la termine puede ser "Lamentos sobre la inevitabilidad del pecado y inutilidad del arrepentimiento en las letras de las canciones de Martin Gore para Depeche Mode".
-Ya veo ,¿Cuál es Martin Gore?-pregunta ella ahora un poco más familiarizada con el trío británico gracias a la influencia de él- ¿Es el de las plumas?
-Sí, es el de las plumas y las enaguas. ¿No fuiste a verlos cuando estuvieron en Costa Rica en el 92?
-No creo que mi maestra de quinto grado me hubiera dejado ir a ese concierto.
-En esa visita destrozaron los cuartos del Hotel, le pegaron a los travestis que para su esparcimiento fueron contratados por la producción del evento, hicieron todo lo que se esperaría de unas verdaderas estrellas del pop.
-¿Y cuál canción tenés ahora como tu favorita?
-Justamente la venía escuchando en el carro: "Down", del segundo album como solista de David Gahan, el cantante, escrita por el mismo: "Down on the ground/there's nobody around /and the snow is falling ....", ese es el estribillo. Es suficientemente triste como para que sirva de himno de esta etapa por la que estoy pasando. La canción inicia con una súplica dolorosa: "Estoy solo/ Quiero tu compañía/Ven/ No tienes que hablar/ ni siquiera ser educada -traduce libremente él- Es un lamento, de alguien a quien no le importa nada y reconoce que está "abajo en el piso", sólo lo puede aliviar la presencia del otro que ni siquiera tiene que hacer nada más que estar presente, ni siquiera molestarse en ser educada. Me identifico con la situación. Eso es lo que pasa con los años, ya lo verás niñita veinteañera, cada vez te identificarás con más cosas, cada serán menos ajenas las situaciones que ves expuestas en los medios, en la cultura pop.
-Pero ahora te veo mejor, cuando te conocí para fin de año estabas mucho peor, mucho peor- sonríe con la boca dejando ver sus dientes levemente adelantados y sonríe con sus ojos en los que él siempre ha creído ver un brillo revelador.
Alguien los interrumpe en el claroscuro de ese bar de vinos del este de San José. La anfitriona vestida de negro los invita cordialmente a realizar una visita guiada a la cava subterránea, la sonrisa cordial de la vendedora se apaga al momento de reconocerlo a él, la expresión en el rostro de la anfitriona se vuelve hosca, no termina siquiera su discurso de ventas, como si hubiera notado la presencia de un apestado se aleja precipitadamente de la mesa de los dos.
-La viste Ana, esta es la anfitriona de la que te he hablado.
-Sí, la que según tus cuentas te vuelve loco.
-La misma. Notaste como reaccionó cuando notó mi presencia
-Como si hubiera visto un leproso.
-Bueno al menos no la dejo indiferente –dijo él, sin querer contarle más cosas de la vendedora: la relación amorosa que mantenía con el chef del lugar,por ejemplo, o el carro que conducía, el barrio donde vivía.
-No, para nada indiferente, fue como si hubiera visto al diablo-sonrió, otra vez-. Ví también sus silicones.
-Por supuesto, es inevitable Ana- no le quiso decir que eran de reciente aparición, ni del rumor que los rodeaba.
-Sabés que los silicones ya no están de moda. Te doy un dólar por cada teta con silicón que hayas visto en la gala de la entrega de los oscares.
-Ciertamente no serían las de la ganadora del Oscar a mejor actriz secundaria. Pero, quiero tu opinión Ana: ¿Por qué creés que ella actúa así cada vez que me ve? El otro día repartía copas de vino gratis en las afueras del restaurante de este tano argentino y al verme salió corriendo, tal y como lo hizo hoy.
-Ya es tarde, me tengo que ir. Y estoy muy lejos de casa -Ana se cuidó de no hacer ninguna mención al esposo que la esperaba, a esa hora el partido de futbol había terminado y ya estaría de vuelta en la casa; aunque quizás yo, como correcto narrador, debería emplear el vocablo "hogar".
El pidió la cuenta, al salir del local no observó a la bendita anfitriona que lo eludía sin disimulo, acompañó a Ana hasta el parqueo, luego observó de pie bajo la lluvia como se alejaba ella en su auto. Sola.



Info:

Oscar 2008 a la mejor actriz de reparto: Tilda Swinton http://www.newsthings.com/category/tilda-swinton/

Depeche Mode:
http://www.depechemode.es/

http://www.rincondesconexion.blogspot.com/2008/02/depeche-mode-2-madurez-fue-en-1989.html

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17.3.08

Diálogo sin karma. Parte I



"DIALOGO SIN KARMA"
Primera parte

-Ah, cuando empezás a decir esas cosas es porque te falta coger.
-¿Alguna idea para solucionar ese problema, amiga?
- “...me hace falta un polvo y un buen rock and roll...”-tararea aparentemente divertida.
-No es así como dice la canción, Ana.
-Bueno, es parecido amigo.
Ella lo mira con ese entusiasmo contenido que se le destina a los amigos, a los buenos amigos. Las dos peores palabras de cualquier idioma: “Seamos amigos”. Que sea CENSURADO y que esté -según su propio testimonio- en tan buenas relaciones CENSURADO CENSURADO no ayuda en mucho, del posible “sex appeal” de su “amigo” es mejor no decir nada.
-Ana, ¿cómo seguís de tu CENSURADO ?
Ella levanta la mandíbula, CENSURADO- CENSURADO -CENSURADO - CENSURADO- se lo mostró hace seis meses a los 40 minutos de conocerse mientras ella lo escuchaba hablar, él decía únicamente las nimiedades sociales que se dicen en estas ocasiones, en este caso: el encuentro de un grupo de personas conocidas en un CENSURADO CENSURADO CENSURADO para seguir junto con otros atendiendo al litro de whisky, mientras él, normalmente poco inclinado a este tipo de interacciones sociales se quedó aburrido y aparte del grupo, por casualidad empezaron a hablar los dos, Ana contó de su vida, de sus planes CENSURADO de su creciente desapego con el pueblo de su padres, -CENSURADO CENSURADO – y, justo como lo acababa de hacer ahora, le mostró entonces CENSURADO CENSURADO CENSURADO CENSURADO CENSURADO CENSURADO, toda una injustificada demostración de candidez y de confianza a primera vista, eso creyó pensar él en ese momento. Al día siguente, él hizo un rodeo de media hora para propiciar un encuentro con este grupo de lejanos conocidos con los que de súbito se sentía muy interesado en compartir. La visita de esa noche a la casa de veraneo donde ese grupo pasaba las vacaciones CENSURADO fue suficiente para ver a Ana en bikini, y comprobar a primera vista la irremplazable serranía de la edad (lo siento) y la imparable mejoría genética de la raza, humana. Un bikini. Verde. Un bikini. Luego habían vuelto a coincidir y a salir solos los dos como esa noche de martes. Tomaban vino sudafricano en un restaurante al este de la ciudad.
-¿Qué estás escribiendo ahora?, -le pregunta ella siempre con ese brillo en sus pupilas, en sus ojos jóvenes aún no rodeados de la experiencia que para que nadie lo dude deja unas zanjitas como prueba de su paso.
Continuará.

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14.3.08

Los monjes del Tíbet


En el Tíbet los olvidados monjes budistas luchan ahora mismo contra el Goliath que es el gobierno chino. Una lucha desigual.













3.3.08

Una novela el naufragio





















Kate Moss, la semana pasada en Londres, desconcertada por razones que tienen que ver más con la vida que con la literatura; dos cosas que en el fondo pueden ser la misma.
En otro país, Antonio Lobo Antunes ha dicho que las novelas se escriben solas; lo imagino a él caminando entre agadelfos y crisantemos por los parques de Lisboa con vista al Tajo (si es que los hay), observando absorto los espectáculos de naumaquia en los sombreados estanques, mientras la novela se cocina sola en el horno de su mente de donde saldrá lista como un pastel para ponerle la cereza y el merengue, él, alivianado de la carga que le ha supuesto soportar en la caja negra de su inspiración la novela autoconstruíble se sentará en el salón a leer la prensa y a “hinchar’ por el Benfica. Un parto. Iniciar una novela. Parir. Dudar. De la placenta previa de lo que a falta de mejor nombre y de menos osadía llamo “creatividad” quizás surja sobre hojas de papel desesperanzadas un amasijo, simbolitos cuneiformes casi, que yo llamaré novela, como una forma de conjurar a tantos otros espíritus, alejarlos. Novella: un nombre con estirpe para que oficie de gárgola auyentando a los demonios, algunos. Creo, como un conocido, que esto de escribir una novela es un parto (no el parto al revés que de las mujeres tememos tanto en el subconsciente los hombres) sino el parto por delante del que sale un fruto inconcluso, imperfecto, inevitable. Sostiene el escritor turco Orham Pamuk: “La novela, al obligarnos a abandonar nuestra propia identidad para entrar en otra, nos hace libres”. Pamuk me ilumina y me hace ver el sentimiento de libertad que produce escribir: sentado en el trono provisional de un dios menor y con sordera daltónica es posible crear, destruir, representar, morir, resucitar, provocar todo eso en otros; en suma poner en práctica esa libertad que atribuye Pamuk a la novela, a su hacer. Cuando las cosas se pierden a veces se decide a buscarlas donde es más fácil hacerlo y no en el sitio donde se perdieron, por eso en la duda sigo recurriendo a lo que otros dicen: Faulkner pedía al novelista concentrarse en “La verdad y el corazón humano” (bahh trivialidades). Antonio Lobo Antunes, mi amigo portugués que no me conoce y que escribe novelas que se se escriben solas ha dicho: "Para mí una novela no es más que un delirio estructurado, la novela es la manera como estructuras tu delirio.” Isaac Bashevis Singer afirmó que el novelista sólo necesita tres cosas para escribir: “Un buen tema o asunto real, el deseo imparable de querer escribirlo, y la convicción de que sólo él puede hacerlo con todas sus consecuencias”. Concluyo ya la parte evasiva que me llevó lejos de aquí a referirme a estos señorones. Escribir una novela: un parto, un desahogo incompleto, un naufragio inútil por inocuo y seco, y porque en la mayoría de los casos deja a sus padecientes en el mismo puerto vano de donde habían salido con magníficas ilusiones de travesías por tierras glamorosas y pudientes. Escribir una novela. Naufragarla.





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