//-->

29.5.07

Juan Gelman en San José

Juan Gelman estuvo de visita participando en el Festival de Poesía en San José y el pasado jueves fue el huésped de honor de Ventana Abierta, una actividad cultural mensual organizada por las inquietas damas Nury de Jaramillo y Gloria Lucía Henao. Habló esa noche Juan Gelman de la mejor manera que puede hablar un poeta, que es con su poesía. Leyó por más de treinta minutos sus creaciones, llenas de musicalidad, inesperados giros y humanismo. Mientras tanto todos los asistentes lo escuchábamos en silencio. Al final conseguí su autógrafo en una de sus Antologías.

Etiquetas:

23.5.07

Tarde y lluvia

Apología de una tarde lluviosa.
ACLARACION:
Escrita hace tiempo, pero muy útil para estos días de lluvia.


Sentía el ardor conjunto de los besos, los espasmos leves en su torso escueto. Le provocó explorar el inexplicado origen de su afán por acercarse, le asombraba la estática que a ella le marcaba provisionalmente con pequeñas bolas la piel seca de los brazos, la de sus nalgas lívidas. Una pesquisa, un intento por resolver la duda, la curiosidad incombustible de su ternura, hurgando suave pasajes y pasadizos. Experimentó la temeridad de creerse impoluto o más bien: incorruptible. Así como la diferencia entre una conjetura y un teorema, por un momento lo creyó eterno y a sí mismo poderoso. Como una súbita revelación entendió –y luego olvidó- lo de que el presente es perpetuo. Vio las comisuras de sus labios, hoy pintados de un tono arcilloso, el cabello – a esas horas crispado por la tarde lluviosa-. Los besos que provenían decididos desde la boca de ella, de unas ansiosas almohadillas que se escondían primero para reventar luego, muy cerca de sus propia boca, abierta todavía por costumbre. Notó el vigor de los esfuerzos de ella que no desmayaban en medio del sudor, era posible que para poder continuar se alimentaran con la misma energía que los espejismos otorgan al caminante desamparado. En ese instante entendió menos la vida. Alzó el vaso, lo puso a la altura de sus ojos como contemplando los colores inexistentes del ríspido ginebra que acababa de servirse con un gesto mecánico. Ella no quiso tomar nada. Ya se sentía intoxicada, lo suficiente como para tolerar la pausa a la que él la había sometido, cuando lo que que quería era seguir, fluir. Dejarse ir con la misma fuerza esquiva de los chorros de lluvia cuesta abajo. Subir, para luego caer, para luego subir. Como la lluvia en esa tarde oscura que afuera se consumía indiferente y húmeda y propicia para el escape.

Etiquetas:

21.5.07

Un invitado

En la flemática Boston Gustavo Chaves se pasa los días enseñando a los universitarios a conocer la literatura en español, hoy Gustavo aceptó mi invitación para participar en este blog con su divertida contribución que demuestra - contra alguna evidencia- que los costarricenses sí pueden escribir buena y entretenida prosa. Yo lo disfruté mucho, espero que Uds. también.


DE CUANDO FUI CANTANTE
Por Gustavo Chaves

Nene, nene, né, ¿qué vas a hacer
cuando seas grande?
¿Estrella de rock & roll,
Presidente de la Nación?
MIGUEL MATEOS


Por estos días, buscando en el baúl de los recuerdos, úh, he recordado con algo de pena y mucho de nostalgia los años lejanos en que fui cantante. La evolución laboral de mi vida -siempre paralela a mi ocupación fundamental de becario- había ido en ascenso desde que en mi más tierna infancia fui pulpero, luego flautista en un coro, luego redoblante en una banda escolar, luego ajedrecista cadete, luego biografista plagiante y, luego, cantante y compositor del escatológico grupo Séptimo Sello, entre los años 1995 y 1996, antes de convertirme en lo que soy ahora: agrimensor y bloggero invitado.

El expendio de la infancia quebró porque estaba localizado en mi cuarto, que era el último de la casa y al que sólo yo entraba. El nulo tránsito comercial hizo fracasar la empresa. Lo de flautista en un coro de la iglesia mermó cuando descubrí lo poco varonil del instrumento que empleaba y mi escaso interés por ir a misa tan a menudo. Lo de la banda escolar fue un éxito que acabó inevitablemente cuando me gradué de la escuela y ya en el colegio no me pareció tan fresa. El ajedrez fue otro éxito rotundo, pero el talento llegó a su límite y yo lo acepté sin amargura. El fracaso de mi vida como biografista plagiante no debería ser explicado, pero el dato fundamental es que mi primer proyecto de libro fue una biografía del expresidente Alfredo González Flores que básicamente consistía en un copy/paste de las cosas que ya se habían escrito sobre él en otros libros. En otras palabras, era una antología biográfica, un género interesante de no ser por los profundos problemas de copyright que conlleva.

Así que, hacia el final de mis años en el colegio, di una nueva vuelta de tuerca laboral y me convertí en cantante de rock. Digamos que la coyuntura ayudaba: estaba en pleno auge la música alternativa de fabricación casera (de garaje, para ser más exactos), que básicamente ponía todo junto y lo hacía sonar con gracia. Para alguien con un pasado laboral tan ecléctico como el mío, la música alternativa, más que una preferencia, era una inevitabilidad. Ya en el coro de la iglesia había hecho mis primeras armas en el canto, y como la flauta me seguía provocando ansiedad oral y vergüenza rockera (no conocía a Jethro Tull, por ejemplo), pues mi rol en el grupo resultó igualmente natural. Además, me ayudaba el hecho de que mi sanguínea timidez podia rebelarse contra sí misma bajo la excusa del performance, lo cual me convertía en un mejor showman que mis amigos músicos-puros. Luego de mucha observación y práctica solitaria, me convertí en una especie de Dave Gahan cruzado con Scott Weiland, al menos en cuanto a performance. Mi voz se auto-educó por imitación e intuición y se redefinió con un registro variado de tenor de baja propulsión, o bajo en ascenso, pero no del todo barítono, con lo cual terminé sonando como un Beto Cuevas joven cruzado con un Roland Orzabal dietético, además del cocktail tonal Gahan-Weiland. Resulté un cantante diverso y melódico, además de extrovertido, y los del grupo parecieron contentos.

Y así fuimos Séptimo Sello: Alejandro Benavides en la guitarra principal, James Purvis en la guitarra melódica, Frank Bermúdez en el bajo, yo en la voz principal, guitarra acústica a veces, pandereta y gritillos de señora gorda, y varios individuos turnándose en la batería (posición difícil de llenar: siempre los bateros nos salían o muy heavy o muy tropicosos). Tocamos pocas veces, nos aplaudieron menos, pero siempre dimos lo mejor de nosotros en cada gig. En casa tengo una copia del Yellow Demo que grabamos junto a la gente de Almas Congruentes (otra banda para el olvido en la que estuvimos Alejandro y yo y de la que surgió una banda importante en la música tica de hoy: ESimple). Del Yellow Demo rescato mi interpretación de “Germen", canción que escribí junto con Alejandro y que a menudo considero el origen de mi posterior interés por la poesía en su vertiente regenerativa contra el cliché:

Una sobredosis de hambre
Me vuelve a hacer caer
Y no tengo en mi alma
Descanso, sólo sed.

También recuerdo con regusto nuestra versión de “The Ballad of the Blamed”, mi primera incursión cantando en inglés y una declaración de principios para el resto de mi vida:

So young and so much fun
I kissed the ground…
I don’t want to grow up now
I don’t want to think about it
Hold onto my childhood…

En realidad, a lo único a lo que me aferro ya es a la música de esos días. Casi no escucho nada de música nueva desde 1997, con la excepción de Norah Jones, Diana Krall o las nuevas rutas de Depeche Mode. Desde ese año quizá sólo Keane me despertó un entusiasmo parecido al que años antes me provocaron bandas como Toad the Wet Sprocket o Gin Blossoms; aunque luego mermó. Al igual que en literatura, en música me consideraba contemporáneo, pero ahora miro mucho para atrás.

El otro día conversaba con la clarinetista Ana Catalina Ramírez, quien me decía que para alguien como ella, con entrenamiento musical en serio, la música popular era demasiado simple melódicamente y sólo se salvaba por las letras. Para mí, que vengo de literatura, la música popular se salva por su simpleza melódica, pues la mayor parte de sus letras son ridículamente torpes, como casi todo en La Ley después de Invisible. Excepciones las hay, como Soda Stereo en “Ángel eléctrico”: Aún tengo el sol para besar tu sombra.

El primer libro que leí entero en mi vida fue el álbum de expresidentes de la Junta de Protección Social, y quizá por eso en lugar de estudiar luego cosas útiles, como química o así, estudié ciencias políticas. El asunto se puso tan serio que mi papá llegó a creer que yo iba para prócer. Por eso desistí y me pasé a literatura, donde las coronas son escasas, las revoluciones no matan y las elecciones son corregibles. Pero no puedo dejar de pensar qué habría sido de mí si hubiese tenido un poco más de talento y espíritu de aventura y me hubiese inclinado por la cantada en serio. Siento que he superado con creces la estrecha dicotomía miguelmateana: ni estrella de rock & roll ni Presidente de la Nación. Pero fui -he sido- cantante aficionado, politólogo deprimido, y ahora bloggero invitado. Es decir: soy amplio y contengo multitudes. Que es como si dijera: estoy más gordo, ¿y qué? Y lo que es más importante aún: sigo siendo yo y mi circunstancia, adaptándome a la edad y al territorio.

Un antiguo jefe mío aconsejaba que si uno sabía silbar debía agregarlo al currículum, ya que en este mundo multi-tasking todo acumula puntos salariales, y saber idiomas o mecanografía sirve igual para el moderno postulante como haber hecho un cursillo de cristiandad o haber ganado el campeonato de piedras saltarinas categoría poza en la fiestas patronales del pueblo en que nacimos. Ya nada es experiencia vital: todo es currículum; y a ese dudoso dossier irán a parar finalmente mis días de cantante.

Por eso, parafraseando a Manrique y a sus versos consabidos, diría que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es la fuerza laboral.

Yo al menos diré que viví para cantarlo.


He aquí el soundtrack recontramínimo de mis roquerismos:

Higher Love de Depeche Mode
Flor de loto de Héroes del Silencio
Evidence de Faith No More
Creep de Radiohead
All I Want de Toad the Wet Sprocket

4.5.07

La fuerza del destino

Sus compañeros de la tienda de productos gourmet invitaron a Muireann Mc Donnel (en la foto, sin pañuelo) a celebrar al bar de enfrente. Unas cuantas cervezas entre compañeros, nada especial en la apacible noche de Dalkey, una ciudad cercana a Dublín. De inmediato ella llamó a John Marc, su novio, -“Lo siento darling, me encantaría, pero no puedo acompañarlos, sabes que tengo tareas pendientes en la Universidad”, se excusó él, comprensivo.

Esa noche en el Ivory Bar , la vida de los dos jóvenes novios cambiaría para siempre. En medio del humo de los cigarrillos y con el ardor in crescendo de las Guiness entre pecho y espalda, Muireann conoció al famoso actor Colin Farrel. Los que estuvieron en ese momento juran que fue una devastadora atracción mutua a primera vista. Hasta ahí llegó el noviazgo de los jóvenes.

Desolado por el rompimiento John Marc, de 22 años, se suicidó dos meses después.

Aunque Irlanda siempre ha sido un terreno muy literario esta historia no la inventé yo, me temo que no es ficción

¿Cómo pueden verse este tipo de situaciones? ¿Qué se podría decir al respecto ?
¿Cuál frase podría explicar mejor lo ocurrido?
-“No se culpe a nadie”.
-“Hay que, necesariamente, buscar un culpable”.
-“Lo siento pero cada quien debe estar donde le calienta mejor el sol, si hay quien
no lo entienda de esa manera es únicamente su problema”.
-"Que el karma los persiga".

2.5.07

Juan Gelman en Costa Rica

El próximo jueves 24 de mayo a las 6: 30 p.m. se presentará en el Auditorio del Colegio de Médicos en San José el poeta argentino Juan Gelman, como parte de las actividades de la tertulia cultural mensual "Ventana Abierta". Una oportunidad que no se debería dejar pasar por alto.

Límites
Por Juan Gelman.

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Solo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran