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6.10.08

Telegrama enviado

Señores Academia sueca stop Reitero mis sugerencias stop Terna (de cuatro) que incluye a un estadounidense, nacionalidad que ya fue descartada para el Premio de este año por un distinguido miembro de su cuerpo stop Phillip Roth - Antonio Lobo Antunes - Harry Mulisch y la cuarta de la "terna": Margaret Atwood stop

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12.8.08

Harry Mulisch









El último escritor indispensable del siglo XX.

Entre rosas y tulipanes, Harry Mulisch camina altivo por la vereda adjunta a los canales de Amsterdam, su figura como una espina inquieta entre estas flores que con sus colores confirman la pervivencia de sus espíritus de sobrevivientes. Con chaqueta de tweed, su pipa ahora apagada, la espalda recta, el señor parece un Sherlock Holmes holandés y contemporáneo. "No, no tengo ningún hobby, lo mío es escribir, mis tres hijos, la madre de mi último hijo y cinco o seis amigos", dice el mismo Mulisch y no se le ven trazas de esa ironía que le ha causado tantas inconvenientes cuando de criticar su obra se trata. Mulisch, nacido en Amsterdam en 1927, es un prolífico autor de ensayos, obras de teatro y novelas.


Una de ellas: “El descubrimiento del cielo”, (primera traducción al inglés publicada en 1996 como "The discovery of heaven"), es en mi opinión la más monumental novela del siglo XX, un extraordinario compendio de más de 900 páginas en las que se encuentran una aguda mezcla de ciencia, historia de arte, astronomía, arquitectura, las implicaciones del azar; los personajes siguiendo el más tradicional de los cánones literarios obedecen a los secretos designios de los ángeles y de los semiodioses. Uno de los personajes recibe órdenes celestiales para regresar las tablas de la ley a Jerusalem, esta "odisea" es memorable y como está en la segunda parte de la novela ya se ha tenido tiempo suficiente para prepararse para las sorpresas del autor. Sólo esta obra debería bastar y sobrar para que en un par de meses suene el teléfono de su apartamento y que desde Estocolmo una voz con acento escandinavo le anuncie lo mismo que en años pasados le fue anunciado a otros autores con toda una obra completa inferior a esta novela de Mulisch. (¿Verdad signore Fo? ¿Verdad fräu Jellinek?). Espero que esto suceda y que por segunda vez en tres años se escuchen en los salones aterciopelados y suecos las petitorias proferidas desde la biblioteca de este Faro Tuerto , como ya tuvieron en su momento la deferencia de hacerlo (¿verdad Mr. Pamuk? de quien, por cierto, aún estoy a la espera de que devuelva el favor, una llamadita a sus amigos de Ramdom House no está pegada del cielo, sigo sin saber cómo se dice por favor en turco). Por si acaso desde este Faro se cubren las bases también con Philip Roth, ambos escritores, Mulisch y Roth, comparten además de sus estupendas trayectorias algunas características muy apetecidas en los años recientes por la Academia: su origen judío y su posición crítica hacia el gobierno de los Estados Unidos.
El tema de la Segunda Guerra Mundial es recurrente en sus obras. “Es que yo soy la Segunda Guerra Mundial”, dice cuando se le pregunta al respecto. Mulisch es hijo de un militar austriaco colaboracionista con los nazis y de una judía holandesa, que fue rescatada de los campos de concentración gracias a la intervención del soldado.
Aparte de su magnum opus "El descubrimiento del cielo" he leído de sus novellas traducidas del neerlandés: "El atentado" (el efecto de la segunda guerra mundial en el destino de una familia), "El procedimiento" (el mítico golem creado con la manipulación del ADN por un científico a la espera de una llamada de la Academia Nobel) , "Sigfrido" (la historia de un hijo de Hitler y Eva Braun). Libros absolutamente indispensables, insisto. Mientras tanto, Harry Mulisch camina tranquilo por la Leidseplein, enciende la pipa, suelta una bocanada de humo perfumado, va muy tranquilo, faltan dos meses para octubre, exclama una de sus famosas sentencias: “Yo nunca quise ser escritor, cuando alguien dice que quiere serlo, ya sé que no es uno de verdad.” Nadie se anima a rebatirlo.





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20.2.08

Philip Roth


Estamos en febrero, faltan unos ocho meses para el anuncio del Premio Nobel de Literatura 2008 y la semana pasada Philip Roth apareció en una amena entrevista en Der Spiegel, en la que, por supuesto, no deja de pasar la oportunidad para criticar al actual presidente de los Estados Unidos (como lo han hecho algunos de los ganadores de este Nobel en los últimos años, también su perfil étnico –Roth es judío- no parece distanciarse de los elegidos recientemente).

El motivo de la entrevista es la reciente publicación de "Exit Ghost" , su novela más reciente; aunque, yo no sé a ustedes, pero a mí, esta cercanía con los medios europeos me parece sintomática. En todo caso, si este año el ganador fuera este escritor estadounidense sería, en mi opinión, un más que merecido ganador. A estas alturas de su carrera y próximo a cumplir 75 años ya no hay mucho que reprocharle a Roth. Es más, abiertamentamente rompo mi lanza y le doy mi voto para el Nobel de este año, (ya lo sabe Mr. Roth, que no le pase las de Mr. Orham Pamuk, también propuesto y celebrado en esta Bitácora, pero que aún no me ha devuelto el favor por mi endorsement, thank you very much).
Lo que más me llama la atención de la entrevista con el semanario alemán es el grado de detalles sobre su obra en el que se extiende, habla Roth sobre sus motivos para incluir ciertos elementos en sus novelas. Siempre he pensado que un autor no debe extenderse en explicaciones sobre sus decisiones artísticas, ni debería entrar en consideraciones post-parto sobre temas específicos de sus propias obras. Creo –este tipo de creencias tiene siempre mucho que ver con los inexorables prejuicios de cada quien- que una vez que una obra de ficción ha sido impresa, no le queda al autor mucho más que decir al respecto; es como una de estas modelitos que aparecen en algunos diarios en bikini ( de esos de ahora en los que lo difícil no es encontrar la carne entre la tela sino la la tela entre la carne, no se me malinterprete que esta moda me parece muy refrescante), una vez que las muchachas se lo pelaron, es decir que su foto aparece en el periodico no hay más queda más que decir, ni justificar; (lo del “contenido artístico” o sus frases equivalentes, me parece a mí que salen sobrando).
Sin embargo y para deleite de nosotros sus lectores, Roth nunca ha escuchado este, mi enfoque de la posición del autor frente al destape, quiero decir frente al fait accompli que es siempre una obra publicada; ni parece adscribirse a ninguno de estas posiciones tan radicales -como la que suscribo- que promueven el silencio del autor sobre lo ya escrito.

De esa forma es posible leer su entrevista sus puntos de vista sobre sus decisiones como artista, y eso es muy interesante.

Algunos puntos que cuenta Roth en esta entrevista reciente:

"Me gusta escribir, al menos, una página al día, me siento horrible si no termino al menos una página cada día."


"No les va a gustar esto, pero, no tengo ninguna amistad con los personajes de mis libros. Es sólo una relación funcional Tengo (con los personajes) una relación funcional. Es una cuestión de preguntarme: ¿Puedo hacer este personaje lo suficientemente interesante como para llevar el libro en sus hombros? ¿Puede funcionar adecuadamente en el libro?"

"Me parece que presentar en la novela la elección de los Estados Unidos del 2004, (suceso histórico presente en la novela) me posibilitó traer a la vida a la pareja de los personajes y señalar la diferencia entre Zuckerman (el personaje principal) y ellos."

“El primer borrador (de una novela) es lo peor, eres tan malo como lo cree tu peor crítico."

"El premio nobel, oh, yo no pienso en eso".

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